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Inflación: Un verano caliente

La imagen de un vaso por la mitad es precisa para describir a la inflación durante 2017. Los precios minoristas subieron 3,1% en diciembre, cerrando el año con un incremento anual del 24,8%. A pesar del mal registro del mes pasado, el 2017 mostró una reducción de 14,5 puntos en la inflación.

Una interpretación positiva remarcará que este resultado se logró de forma simultánea con un ajuste fiscal (gradual, es cierto), flotación cambiaria (con saltos a lo largo del año), ajuste de tarifas y, lo que es también relevante, una economía en crecimiento (en el rango 2,9-3,0% anual). La mirada pesimista remarcará que el año terminó con una aceleración de la inflación y que la meta oficial se incumplió por casi 8 puntos.

Algunos incrementos puntuales empujaron la inflación de diciembre. El ajuste en las tarifas de luz y gas empujó el rubro Vivienda (+18% mensual), mientras que el aumento en las naftas tras la desregulación de su precio, aportó a la suba de Transporte (+3,2%). Otra forma de analizar los aumentos refleja que el mes pasado impactaron más los precios regulados (+9,1% mensual) que los que conforman la inflación núcleo (+1,7%) o los precios estacionales (+0,3%).

El 2018 comenzó con varios desafíos en materia de inflación. Los precios regulados continuarán empujando, ya que el gobierno anunció aumentos escalonados en las tarifas de luz, gas, agua y transporte (acotado a colectivos, trenes y subtes del área metropolitana de Buenos Aires).

También se vienen aumentos en educación privada, medicina prepaga y, posiblemente, otra ronda de subas en combustibles. Por si fuera poco, la depreciación cambiaria de las últimas semanas también puede “alimentar el fuego” de la inflación. No sorprende, entonces, que las proyecciones pongan un piso de 5-6% a la inflación del primer trimestre.

El cambio en las metas de inflación tampoco ayuda a controlar las expectativas. El último sondeo del REM, cerrado con la información pre-modificación de objetivos, reflejó un aumento de 16,6% a 17,4% en la inflación
Inflaciónesperada para fines de este año (la sexta consecutiva).

Tras el recalibramiento, las proyecciones volverán a corregirse hacia arriba. Ello se desprende notas donde se incluyen los pronósticos de distintas consultoras y bancos, con una inflación esperada es de 19,2% anual (promedio de 12 estimaciones –incluyendo la propia–, 19% mediana).

La corrección tiene fundamento en que los analistas esperamos un sesgo menos contractivo por parte de la autoridad monetaria ahora que la meta es menos exigente. De hecho, el propio Sturzenegger dijo públicamente que habrá que recalibrar la postura de la entidad.

En este contexto, el BCRA redujo la tasa de interés de referencia. Se decidió recortar el centro del corredor de pases en 75 puntos básicos (pbs), dejando a la tasa de interés en 28% anual. La rebaja se descontaba, aunque la magnitud fue menor a lo esperado por el mercado (100-150 pbs).

El movimiento refuerza la idea de que el banco central ejercerá autonomía operativa frente a unas metas definidas por el Ejecutivo, tal como mencionó Sturzenegger en la conferencia con el Jefe de Gabinete. Además, el sesgo contractivo de la política monetaria (la tasa de interés real ex ante) ya se había reducido debido al aumento en la inflación esperada.

Un fuerte recorte en la tasa nominal hubiera relajado sustancialmente la política monetaria. Acaso el BCRA prefirió “curarse en salud”, influenciado por la experiencia de 2017, cuando se apresuró en recortar la tasa de interés y luego tuvo que volver sobre sus pasos.

Otra señal en este sentido es que la tasa de las LEBAC en el mercado secundario (el verdadero “termómetro” de la postura monetaria) se arbitró con la de pases, lo que ocurrió con la venia del BCRA.

El panorama hacia delante es complicado. El banco central continuará relajando su política monetaria, aunque hoy no parece tener demasiado margen frente al incumplimiento de la meta en 2017, perspectivas negativas a corto plazo, desacople (creciente) de las expectativas y el comienzo del ciclo de paritarias.

Con su decisión de manejar los plazos y formas del relajamiento monetario (frente a la ansiedad del “ala política”), el BCRA está tratando de minimizar el daño reputacional ocasionado por el cambio en las metas de inflación. Por ello es que los próximos movimientos de tasa (recortes) deberán realizarse con cuidado si se pretende terminar el 2018 con una inflación cerca del nuevo objetivo.

Ene, 12-2018

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