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Inflación: Mal PASO en julio

Tal como se esperaba, la inflación se aceleró en julio. El INDEC informó que los precios minoristas a nivel nacional aumentaron 1,7% en el último mes (21,4% anual, si se empalman las series disponibles utilizando el criterio del
BCRA), 0,5 puntos porcentuales más que en junio. A nivel regional, la suba se sintió más en la región pampeana (2% mensual), seguida por el Gran Buenos Aires y la región patagónica (1,7% y 1,5%, respectivamente) .

Gran parte de la variación se explica en aumentos de precios regulados cuyo efecto fue anticipado por el
grueso de los analistas y explicado en los medios de comunicación. De todos modos, no deja de ser un dato negativo que introduce algo de ruido al proceso de desinflación, a pocos días de unas elecciones primarias tan
importantes como reñidas.

Hacia delante es de esperar que los precios retomen la dinámica previa, aunque convendría seguir de cerca la
evolución del tipo de cambio, que se viene moviendo al compás electoral, y su posible impacto. Si bien el cumplimiento de la meta este año está prácticamente descartado, ello no debería considerarse un fracaso dada la inflación inicial, los cambios de precios relativos realizados a lo largo del 2017 y la experiencia internacional respecto a las metas de inflación.

Nuevamente, los alimentos tuvieron incidencia sobre la inflación. Analizando en detalle, los rubros de mayores
aumentos fueron Recreación y Cultura (3,6% mensual), Salud (3,3% mensual) y Bebidas alcohólicas y tabaco (3%
mensual, debido al aumento en el precio de los cigarrillos).

De todas formas, por su peso dentro de la canasta relevada para la construcción del índice, fueron los aumentos en salud y en alimentos y bebidas no alcohólicas los de mayor impacto. Desde otra perspectiva, la inflación de julio estuvo empujada más que nada por el encarecimiento de los bienes y servicios regulados (+2,3% mensual), y no tanto por lo que ocurrió con los precios estacionales (+0,5%) o los “libres” (+1,8%).

La dinámica de la inflación núcleo sigue siendo fuente de preocupación. Más allá de variaciones puntuales, la inflación subyacente se resiste a bajar. Promedia una suba mensual de 1,7% en lo que va del año, prácticamente la
misma tasa que durante el segundo semestre del 2016. Si nos guiamos por los cálculos del propio BCRA, el comportamiento observado no es consistente con el cumplimiento de las metas de inflación (ver gráfico).

Y los cambios en los precios relativos pueden “ensuciar” la inflación núcleo en los próximos meses, más
allá del impacto que pueda tener la depreciación cambiaria. Al respecto, los datos de julio son alentadores, ya que la moneda norteamericana se encareció un 6,5% en el mes (tanto promedio como punta a punta), mientras que el IPC aumentó “sólo” 1,7% (1,8% la núcleo).

Sin embargo, aún es temprano para confirmar el éxito del BCRA en disociar los movimientos cambiarios de la inflación, ya que el dólar sigue subiendo y el impacto sobre la totalidad de la estructura de precios puede tomar su tiempo.

Así las cosas, la rigidez monetaria seguiría por un tiempo más. El banco central se muestra preocupado por una
inflación que se resiste a bajar y expectativas aún por encima de sus objetivos. Con este trasfondo, es difícil
imaginar, a corto plazo, una baja significativa en la tasa de referencia.

En efecto, el comité de política monetaria decidió sostener la tasa (en 26,25% anual) en su reunión de esta semana. Para el consenso de los analistas (REM) el BCRA recortaría el centro de corredor de pases a 7 días recién en septiembre.

En comparación con las expectativas previas, el relajamiento de la política monetaria arrancaría más tarde y sería más pausado. Posiblemente la autoridad monetaria se tome más tiempo que lo anticipado por el mercado. No tanto (o no sólo) por lo que ocurre con los precios sino por las novedades en materia cambiaria y la coyuntura electoral.

En un régimen de metas de inflación, errarle al objetivo es un resultado posible. Para alcanzar el techo de 17%
anual planteado por el BCRA los precios deberían promediar una suba mensual de 0,5%, lo cual parece improbable
(sería la tasa más baja desde 2009). La inflación terminaría por encima de la meta pero ello no debería entenderse
como un fracaso. La experiencia de los países con metas de inflación muestra que en 52% de los casos el banco central “se pasó de largo” en el primer año de implementación.

Argentina, en este sentido, no sería una rareza. Por el contrario, el desvío esperado de 5 puntos porcentuales luce bajo si se tiene en cuenta la inflación inicial (39,4%, frente al 6,7% promedio para los países bajo metas de inflación –7,2% entre emergentes–) y los cambios de precios relativos. Construir credibilidad lleva tiempo y el BCRA parece decidido a mantener el rumbo aún cuando existan tentaciones (y presiones) políticas.

Ago, 11-2017

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