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BALANCE CAMBIARIO: Reflejo de la realidad

El balance cambiario muestra un drenaje de divisas comerciales. De acuerdo a los datos del BCRA, el saldo de cuenta corriente acumula un déficit de USD 21.201 millones desde que Macri asumió como Presidente. Analizando en
detalle, las operaciones de comercio exterior arrojaron un ingreso neto de divisas de USD 12.277 millones, aunque la tendencia de los últimos meses ha sido negativa.

El superávit fue reduciéndose debido a la debilidad de la demanda externa (sobre todo, brasilera), el atraso cambiario, la apertura comercial y hasta algunos problemas climáticos, que afectaron las liquidaciones del agro. Por el lado de los servicios, el déficit acumulado de USD 13.780 millones refleja una continuidad de la tendencia negativa, que viene desde la gestión anterior.

La apreciación (real) cambiaria incentiva a los turistas a viajar al exterior, a la vez que hacen del país un destino caro para visitantes extranjeros. El deterioro comercial se ve potenciado por el pago de intereses y dividendos. El resto de los rubros de la cuenta corriente exhibe, desde comienzos de esta gestión, un marcado saldo negativo. El país ha pagado (en términos netos) más de USD 16.378 millones en concepto de intereses de la deuda (pública y privada).

Por otra parte, desde el levantamiento del cepo cambiario no hay restricciones al envío de utilidades y dividendos, lo que explica que las empresas extranjeras radicadas en el país hayan enviado USD 3.927 millones a sus casas matrices. Dado que el gobierno no tiene intención de cortar con el endeudamiento en lo inmediato (para financiar el gradualismo fiscal) y que se apuesta a la inversión extranjera como motor de crecimiento, el saldo negativo por intereses y dividendos se debería incrementarse con el tiempo.

El “agujero” es más que compensado por las divisas que ingresan del lado financiero. Desde la llegada de
Cambiemos al poder, el déficit de cuenta corriente fue financiado con un superávit de cuenta capital y financiera que suma USD 41.907 millones al día de hoy. Tal es la afluencia de divisas financieras que hasta permitieron una recomposición de las reservas internacionales en poder del BCRA, que aumentaron en USD 20.706 millones.

El diseño de la política económica favorece esta dinámica. El sesgo contractivo de la política monetaria ofrece tasas
interesantes para el inversor extranjero (siempre que el “carry” no se eche a perder por subas del dólar), mientras
que el déficit fiscal, aún cuando vaya reduciéndose, seguirá siendo financiado por deuda.

El endeudamiento, público y privado, es la principal fuente de capitales. Concretamente, ingresaron USD 17.234 millones netos por préstamos financieros, títulos de deudas y líneas de crédito, mientras que otros USD 3.744 millones corresponden a inversiones de portafolio (lo que se conoce como inversión especulativa).

Bajo el rubro “Otras operaciones del Sector Público” ingresaron unos USD 34.520 millones que, en gran medida, se
explican en la emisión de deuda en el mercado externo y la suscripción en dólares de títulos locales. En contraste, Argentina recibió apenas USD 3.527 millones en concepto de inversión extranjera directa.

Cabe aclarar que parte importante de la IED en el país (casi la mitad en 2015, según el BCRA) tiene origen en la
reinversión de utilidades, con lo cual no queda reflejada en el balance cambiario. A futuro, lo ideal sería que la composición de los ingresos se vuelque más hacia el lado de la inversión real, pero ello dependerá no sólo del resultado electoral sino también de las perspectivas de rentabilidad.

Es decir, de que los extranjeros vean en el país buenas oportunidades para hundir capital a largo plazo, lo que requiere atender los desbalances macro. No todos los capitales entran: la compra de divisas del sector privado se mantiene vigente. A pesar de que hay inversores que apuestan al peso, la demanda de dólares esimportante. De hecho, la formación de activos externos del sector privado no financiero (nombre técnico para el eufemismo “salida de capitales”) acumula un saldo neto (compras-ventas) negativo de USD 18.602 millones desde diciembre de 2015.

Los detalles son interesantes.

Mientras que la compra de billetes involucra montos relativamente bajos (67% fueron operaciones de hasta USD
50 mil mensuales), las ventas se hicieron en grandes volúmenes (más de USD 50 mil mensuales). Pareciera que
quienes compran son los que están buscando dolarizar cualquier margen de ahorro que puedan lograr mes a mes,
mientras que los que venden son personas de mayor poder adquisitivo, que apuestan a las inversiones en pesos.

La dinámica del balance cambiario refleja con claridad los efectos de la estrategia económica… y sus riesgos. La
cuenta corriente “sufre” por la debilidad de la demanda externa, la apreciación real del tipo de cambio y la
normalización de los flujos de divisas tras el fin del cepo.

En tanto, tanto el sector público como el privado se están aprovechando de la integración financiera tras el fin del default (y el conflicto con los holdouts) para financiarse en el exterior a tasas más bajas que en el pasado. Mientras tanto, la compra de divisas con motivo de atesoramiento se mantiene vigente, sobre todo en el ahorrista hormiga, que ve en el dólar un “seguro” frente a las recurrentes crisis locales.

Los riesgos de este diseño son claros. La integración al mundo funciona hacia los dos lados y lo que hoy entra, mañana puede salir. Dudas sobre la solvencia fiscal o cambios repentinos en las expectativas de devaluación, por mencionar dos riesgos, pueden interrumpir el influjo de capitales y llevarnos a un episodio de consecuencias impredecibles (aunque ya hemos vivido varias de estas crisis), pero muy probablemente indeseadas.

Jun, 16-2017

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